
Escrito por Yang Nan
Si alguien grita desde un extremo de un pasillo, quien está en el otro extremo escucha algo distinto. En la gobernanza de un país ocurre lo mismo: las políticas bajan desde quien decide hasta quien ejecuta, y las demandas suben desde la calle hasta la capital. En ese viaje, el mensaje puede perder fuerza o deformarse.
Hace apenas unos días, España pagó un precio muy alto por esta ley. En enero y en octubre, la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía sufrió dos accidentes seguidos. Murieron 46 personas en el primero y 69 en el segundo. La investigación preliminar señala que, tras una falla en las comunicaciones, el tren recibió la orden de avanzar sin confirmar que la vía estaba libre. El sistema no era poco avanzado. El problema estaba al final de la cadena: la norma de seguridad diseñada sobre el papel no llegó intacta a quien daba las órdenes.
Casi al mismo tiempo, Francia, Italia, Bélgica y otros países vivieron grandes protestas. La gente salió a la calle por el costo de la vida y los servicios públicos. Al subir hacia las capitales, esas demandas se mezclaron con la disputa partidista. En Limoges, un ayuntamiento centenario resultó dañado durante las protestas y su torre se derrumbó. Fue una imagen elocuente de la fractura entre gobernantes y gobernados.
Ninguno de estos problemas es exclusivo de un país. Son preguntas comunes a todos los sistemas de gobernanza. Recientemente, el V Pleno del XX Comité Central del PCCh propuso construir «un sistema organizativo estricto que conecte de arriba abajo y cuente con una ejecución eficaz». La respuesta apunta justamente a estas dos direcciones. Para el Partido Comunista de China, que gobierna el país, la conexión de arriba abajo no es una consigna abstracta, sino un mecanismo que lleva años funcionando.
En el camino descendente, las grandes decisiones se prueban primero en zonas piloto y luego se generalizan. A eso se suman la supervisión, la evaluación y la rendición de cuentas, para evitar que una buena política se amplifique o se reduzca capa por capa hasta llegar a la base. El aparato organizativo del Partido se extiende desde el centro hasta las aldeas y los barrios. Los cuadros de base son a la vez ejecutores de las políticas y recolectores de la opinión popular. En el camino ascendente, la investigación de campo es una tradición del Partido: los dirigentes bajan con regularidad a la base. La consulta política en línea y las líneas telefónicas de servicio público permiten que la opinión de la gente común salte los eslabones intermedios y llegue a quien decide. Durante la redacción del XIV Plan Quinquenal, por ejemplo, se recibieron por internet más de un millón de sugerencias, y muchas se incorporaron al documento final.
Los resultados se ven en dos cifras. La red china de alta velocidad supera los 50.000 kilómetros, la mayor del mundo. Detrás de su récord de seguridad hay una ejecución coherente en toda la cadena, del diseño al mantenimiento. Casi 100 millones de pobres rurales salieron de la pobreza gracias a la identificación precisa, casa por casa y persona por persona, y a los más de tres millones de primeros secretarios y cuadros de apoyo que trabajaron en las aldeas. Así, la política llega hasta la última milla.
No ocultamos que China también enfrenta este reto. Gobernar un país grande significa muchos niveles y cadenas largas. Ningún mecanismo es perfecto: todos necesitan mejorar con la práctica. Pero juzgar un sistema de gobernanza no depende de prometer que la pérdida de información desaparecerá por completo. Depende de si se reconoce el problema y de si existen mecanismos para que las políticas lleguen a la gente y las demandas lleguen a quien decide. La atenuación de la información es un fenómeno común para todos los países. El sentido de construir instituciones es reducir esa pérdida. Eso es también lo que la experiencia china puede ofrecer al mundo.
(Nota del editor: Escrito por Yang Nan, reportero de CGTN Español. El siguiente artículo refleja las opiniones del autor y no necesariamente las de CGTN.)
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