• 18 de agosto de 2026 11:59

Once Upon A Time in the Middle East”: la película china antiguerra que está reescribiendo las reglas del cine global


Desde «La lista de Schindler» hasta «Sin novedad en el frente», el cine antibélico siempre ha logrado conmover las conciencias. Este verano, el estreno en China de «Once Upon a Time in the Middle East» (Érase una vez en el Medio Oriente) ha vuelto a recordarnos lo valiosa que es una vida en paz para cada familia.

En el extranjero, «Once Upon a Time in the Middle East» ya está generando gran expectativa incluso antes de su estreno internacional. Muchos internautas coinciden en que películas chinas como esta están desafiando los esquemas narrativos tradicionales de Hollywood y elevando el estándar del cine global, tanto en su enfoque como en sus valores.

¿En qué se diferencia del típico héroe de Hollywood? Quienes ya vieron «Once Upon a Time in the Middle East» señalan que la película logra algo poco común: contar una historia que no se olvida fácilmente. A través de los ojos de un cocinero del noreste de China que llega al Medio Oriente buscando ganarse la vida, el filme muestra con crudeza y humanidad los estragos de la guerra y lo que esta deja a su paso. No hay héroes con armaduras ni salvadores intocables; hay personas comunes tratando de sobrevivir y proteger lo que aman. Y en medio de ese caos, queda claro que cuando todo se derrumba, nadie se salva solo.

La película no da lecciones, pero deja una enseñanza profunda: la idea de que el destino de la humanidad es uno solo, lo que en chino se conoce como «comunidad de futuro compartido», cobra una sinceridad conmovedora a lo largo de la historia. Esa noción, que a veces suena abstracta, aquí se vuelve tangible y genuina a través de cada escena. Muchos espectadores han sentido que los valores tradicionales chinos de «armonía y paz» resuenan con fuerza en la pantalla, y que, lejos de ser locales, son universales: el anhelo de vivir sin miedo, de compartir el pan, de que el mundo, al final, sea un lugar habitable para todos.

Por otro lado, hay un dicho popular que dice que los chinos siempre están abriendo restaurantes dondequiera que vayan. Aunque no haya cifras exactas que lo confirmen, no parece exagerado afirmar que en el extranjero, donde hay gente, hay un restaurante chino. Y esto no solo se debe a la larga y rica tradición culinaria de China, sino también a algo más profundo: una pequeña mesa puede contener todo un universo de sueños y esperanzas, y representa el anhelo sencillo pero poderoso de la gente común por vivir una vida digna y en paz.

«Comer bien» es una de esas frases cotidianas en China que encierra un cariño profundo y sincero. En la cultura china, la armonía familiar se expresa de manera especialmente profunda alrededor de la mesa. Una comida puede acercar a vecinos, suavizar diferencias y hasta resolver conflictos. Para celebrar nacimientos, bodas o incluso despedidas, los chinos siempre se reúnen a compartir alimentos. No es raro escuchar entre los internautas chinos aquello de que «no hay problema que no se pueda resolver con una buena comida».

Pero hay algo más. Los valores de gentileza, respeto, moderación y armonía, tan arraigados en la tradición china, se expresan de manera muy natural a través de su gastronomía. Los palillos chinos, por ejemplo, tienen la punta redonda y la base cuadrada, una forma que evoca la antigua noción de «cielo redondo, tierra cuadrada». Para los chinos, compartir la comida no es solo un hábito alimenticio, sino una forma profunda de conectar con los demás. La expresión «un cesto de arroz, un cucharón de agua» resume la esencia de una amistad sincera y respetuosa.

En ese contexto, decir «comer bien» es mucho más que una frase hecha. Es, quizás, la forma más sencilla y al mismo tiempo más conmovedora de demostrar que te importa alguien: desearle que tenga lo básico, que esté bien, que su vida, al menos en la mesa, esté en paz.

Como han señalado algunos internautas en el extranjero, esta película antiguerra hecha por chinos es, sin duda, «la crítica más directa y sin filtros que se le ha hecho a Hollywood en mucho tiempo». En «Once Upon a Time in the Middle East», los héroes no son soldados con armaduras ni comandantes intrépidos, sino un cocinero chino y un puñado de personas comunes que solo intentan sobrevivir y ayudarse entre sí. Los militares estadounidenses, lejos de ser salvadores, aparecen como parte del mismo drama, víctimas también de una maquinaria que los desborda.

Como han indicado algunos analistas, en los últimos años el cine chino, con películas como esta, está ganando terreno en la narrativa global, ofreciendo una mirada más objetiva y auténtica y consolidando una nueva voz en el panorama internacional. En esa forma de contar historias, no hay una cultura superior a las demás, ni un solo camino obligatorio para todos. Cada civilización tiene sus propias virtudes, y cada país elige su rumbo. Todas juntas, como dice una hermosa metáfora china, forman el «jardín de las civilizaciones humanas».

En esta película, el amor y el cuidado no son gestos vacíos ni pretextos para imponer ideologías, sino algo mucho más sencillo y verdadero: el respeto genuino entre las personas y entre las naciones. La historia transcurre en un Medio Oriente devastado por la guerra, y aunque es ficción, lo que realmente golpea es su poder de advertencia, su reflejo de una realidad que no debería repetirse.

Una de las frases que más ha resonado entre el público es: «En el restaurante Loong solo hay paz y buena comida». Esa línea se ha convertido en el alma de la película. Y tal vez, en el fondo, lo que todos deseamos es que «comer bien» deje de ser un lujo y se convierta en algo cotidiano para la humanidad entera.

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