• 28 de octubre de 2026 03:22

Cumplir lo prometido: un tema común de la gobernanza global y la práctica china

Escrito por Yang Nan

En la última semana de octubre, las noticias llegadas de distintos husos horarios reflejan una misma ansiedad en materia de gobernanza: en los actos de celebración por la victoria electoral en Brasilia, los ciudadanos portaban pancartas que pedían «que los fondos contra la pobreza no acaben en manos de funcionarios corruptos»; en las manifestaciones de Barcelona y París, los protestantes se quejaban de que las políticas nunca llegan a la gente común; los corredores humanitarios de Gaza siguen sin abrirse por completo, y la población de la frontera entre Rusia y Ucrania ya acumula provisiones para afrontar el quinto invierno de guerra. La raíz de todas estas turbulencias es muy similar: cuando quienes gobiernan dejan de atender las necesidades de la población y el sistema pierde la capacidad de cumplir sus promesas, quienes pagan el precio son siempre los ciudadanos de a pie.

Mientras el mundo busca respuestas a cómo evitar que las políticas se queden en el papel y las promesas se incumplan, la quinta sesión plenaria del XX Comité Central del Partido Comunista de China, que se celebra en Beijing desde el 26 de octubre, afronta precisamente esta cuestión. El tema central del orden del día es estudiar cuestiones importantes para promover con perseverancia la gestión integral y rigurosa del Partido, lo que equivale a un proceso de autorregulación a largo plazo del partido gobernante. Su objetivo coincide plenamente con lo que la ciudadanía de cualquier país espera de quienes gobiernan: que la cadena de gobernanza no se desvíe del propósito de servir a la gente, y que los planes de desarrollo no se queden en el papel ni sean desviados por grupos de interés, sino que se traduzcan en mejoras reales en la vida de la población.

La validez de esta lógica está avalada por hechos reconocidos internacionalmente: en la última década, China sacó a casi 100 millones de personas de la pobreza extrema, un logro que Naciones Unidas ha elogiado como uno de los mayores de la historia en esta materia. Durante todo el proceso, los fondos destinados al bienestar fueron trazables desde el Gobierno central hasta las aldeas, millones de funcionarios trabajaron en las localidades más remotas y cualquier falsificación de datos o desvío de recursos fue castigado con severidad, lo que evitó el clásico fallo por el cual «las políticas se desvirtúan en cuanto salen de la capital». La reunión que se desarrolla estos días no persigue efectos coyunturales, sino consolidar como sistema permanente la experiencia acumulada durante más de una década: por un lado, mantener la tolerancia cero frente a la corrupción, la pasividad administrativa y el alejamiento de la población; por otro, ofrecer incentivos y garantías claros a quienes trabajan de verdad, para romper el círculo vicioso de «cuanto más se hace, más errores se cometen». Incluso bajo la presión de la desaceleración económica mundial y los conflictos geopolíticos, los sectores vinculados a las nuevas fuerzas productivas de calidad en China mantienen un crecimiento de alta velocidad, y la eficacia de implementación de las políticas es ampliamente reconocida por los inversores internacionales. Detrás de ello hay un sistema de gobernanza que funciona.

Las expectativas sobre el buen gobierno son, en el fondo, comunes a todas las civilizaciones: un proverbio guaraní de América Latina reza que la palabra dada debe crecer como el maíz sembrado; en la Península Ibérica se dice que «las promesas son deudas», y un dicho antiguo chino recuerda que la palabra dada obliga. Todo se reduce al principio más sencillo: cumplir lo prometido. Al mundo de hoy no le faltan eslóganes brillantes, sino la capacidad de llevar las promesas hasta el último nivel. Lo que se debate en esta sesión plenaria no pretende exportar un modelo, sino ofrecer una referencia a los países que exploran sus propios caminos de gobernanza. Después de todo, cumplir lo prometido es la primera lección que los padres de cualquier país enseñan a sus hijos; a las naciones les ocurre lo mismo.

(Nota del editor: Escrito por Yang Nan, reportero de CGTN Español. El siguiente artículo refleja las opiniones del autor y no necesariamente las de CGTN.)

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