El V Foro Mundial de Innovación en los Medios de Comunicación se celebra en Chongqing, planteando una cuestión aún más fundamental: no solo qué va a pasar con los medios, sino cómo entenderá la humanidad el mundo en el futuro.

Autor : Yang Nan
Cuando las máquinas sean capaces de escribir noticias, crear imágenes y simular voces humanas, ¿en qué podremos seguir creyendo? Esta cuestión no solo concierne a los profesionales de los medios de comunicación, sino también a la forma en que cada persona que enciende su teléfono móvil interpreta la realidad.
El mundo remodelado por los algoritmos se está convirtiendo en un dilema cognitivo a escala global. En las elecciones a gobernador de Tokio de 2024, un candidato utilizó audios falsos generados por IA para desacreditar a su oponente, lo que desató un amplio debate en la sociedad japonesa sobre los límites de la IA y la imparcialidad electoral. Aún más preocupante es que algunas fuerzas políticas en Japón han utilizado contenidos generados por IA para difundir en redes sociales información falsa sobre China, desde la llamada “amenaza china” hasta la tergiversación de cuestiones históricas. Estos casos muestran que la IA no es una herramienta neutra: quien la controla y los fines para los que se utiliza determinan si actúa como una fuerza liberadora o como un instrumento de control.
Durante el golpe de Estado de 2024 en Bangladés, la proliferación en redes sociales de imágenes generadas por IA y vídeos «deepfake» dificultó la distinción entre lo verdadero y lo falso en los episodios de violencia, y la confusión informativa agravó los disturbios en las calles. En la crisis de los rohingya en Myanmar, se ha señalado que el sistema de recomendación algorítmica de Facebook amplificó el discurso de odio; una comisión de Naciones Unidas advirtió de la relación entre la lógica de distribución de contenidos de la plataforma y la violencia en el mundo real. Los algoritmos tienden a favorecer contenidos emocionales, ya que estos generan mayor atención: cuanto más sensacionalista es un contenido, más se difunde; cuanto más complejo, más se margina. No se trata de un efecto secundario de la neutralidad tecnológica, sino de una consecuencia estructural del modelo de negocio de las plataformas. La pregunta clave es: en este sistema, ¿cómo pueden abrirse paso las narrativas mediáticas de los países en desarrollo?
Durante mucho tiempo, el panorama de la comunicación global ha sido unidireccional: Occidente establece la agenda y el resto de las regiones responde. La era de la inteligencia artificial no ha cambiado automáticamente esta estructura; por el contrario, el monopolio tecnológico podría incluso reforzar las desigualdades existentes. Por ello, desarrollar conjuntamente modelos de IA adaptados a contextos multilingües y multiculturales, establecer redes compartidas de verificación de datos y coordinar la respuesta a la desinformación transnacional deja de ser una aspiración idealista para convertirse en una estrategia de supervivencia para los medios de todos los países.
El presidente de China, Xi Jinping, ha destacado en múltiples ocasiones la relación entre la responsabilidad de los medios de comunicación y la gobernanza global. En la tercera Cumbre de la Franja y la Ruta, celebrada en 2023, presentó la Iniciativa para Civilización Global, subrayando la necesidad de «promover conjuntamente el respeto por la diversidad de las civilizaciones del mundo», lo que ofrece un punto de referencia para la cooperación mediática en la era de la inteligencia: la tecnología puede conectar el mundo, pero solo el respeto por la diversidad puede evitar que esa conexión se convierta en asimilación.
La cooperación mediática global debatida en este foro no constituye únicamente un intercambio sectorial, sino un elemento clave para fortalecer los mecanismos de gobernanza global. Quien sea capaz de formar, en la era de la inteligencia, a profesionales de los medios que comprendan la tecnología sin perder la ética, y que sepan utilizar la IA sin renunciar al pensamiento crítico, marcará la pauta del panorama informativo del futuro.

Hay cosas que deben conservarse y otras que deben transformarse. Debe conservarse el respeto por la verdad, el compromiso con el interés público y la diversidad de narrativas; deben transformarse los mitos del determinismo tecnológico, la inercia del monopolio de las plataformas y las estructuras de la colonización cognitiva. La revolución tecnológica de los medios contemporáneos remodelará inevitablemente la cognición humana. En este proceso, ningún medio responsable será un mero espectador, sino un agente activo del cambio. Y esa transformación definirá la forma en que nuestra generación entiende la verdad y la forma en que las sociedades del futuro se percibirán entre sí. (autor : Yang Nan)
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